Las personas en las organizaciones de trabajo

Sonia Sescovich Rojas

Históricamente fueron esencialmente cuatro los factores que condicionaron el desarrollo económico-social de nuestros países: los recursos naturales, el capital,  la tecnología y la capacidad de gestión.  El peso relativo de cada uno de ellos fue variando de una etapa a otra. Especialmente países en desarrollo, como el nuestro, durante décadas dependieron fundamentalmente de sus recursos naturales. Bastante tarde, en la historia, el capital financiero empieza a ocupar un rol importante. Lo mismo ocurre con la tecnología. Pero hoy en día, ya en nuestro país estamos en presencia de lo que ha ocurrido a nivel mundial y podemos afirmar que la combinación de estos cuatro factores -en tanto condiciones de desarrollo- se ha alterado sustancialmente. La tecnología, que durante los primeros años de su auge vertiginoso estuvo orientada hacia nuevos productos ha dado paso a una tecnología orientada hacia nuevos procesos. Y es justamente este cambio el que ha colocado a  las personas  en el rol de arma decisiva, tanto para la competencia por nuevos mercados como para el logro de la eficiencia de las organizaciones. Actualmente el principal factor competitivo son los recursos humanos de una empresa. Son los que realmente pueden hacer la diferencia en un momento crítico. Y si las personas son el elemento central, la mejor estrategia para fortalecerla es la educación y  la capacitación. Esta situación ha planteado, a su vez, la necesidad de redefinir la naturaleza misma de las organizaciones productivas y de servicio. Las nuevas condiciones exigen organizaciones capaces de desarrollar en sí mismas los elementos de cambio que les permitan enfrentar la exigencia de una adaptación permanente a un medio cambiante.

En la actualidad, una organización eficaz es aquella que enfrenta el cambio de manera planificada. Desde este punto de vista, no resulta difícil caracterizarla. En primer lugar,  una organización es eficaz en la medida que  sus partes trabajan en función de objetivos y planes para lograrlos, y sus miembros están conscientes de ellos. La mancomunidad de objetivos exige, a su vez, relaciones cooperativas, clima libre de amenazas y mucha creatividad. En segundo lugar, el diseño de una organización eficaz parte del supuesto de que la función determina la forma. Esto significa diseñar estructuras fluidas y levantar un combate permanente contra los procesos que aprisionan a las personas en sus propios procedimientos. Por último,  quienes forman parte de esa organización orientan su comportamiento de manera tal que es posible desarrollar una práctica general que refuerza los mecanismos de retroalimentación permanente; en otras palabras, son capaces  de desarrollar la capacidad de autocrítica.

En esta misma línea de pensamiento, en gestión moderna se dice que para ser eficaces, las organizaciones de hoy deben ser organizaciones “que aprenden”, puesto que cambio significa esencialmente aprendizaje.

Una organización que aprende es aquella que, a nivel individual estimula  el aprendizaje continuo de las personas y se recompensa el aumento de la competencia; fomenta el trabajo en equipo como única manera de producir el intercambio de conocimientos y, con ello, la construcción de nuevos mapas mentales para aprehender la realidad; a  nivel de la organización se construyen permanentemente espacios de reflexión colectiva donde se logran dos objetivos esenciales: en primer lugar, se analizan los procesos técnicos de trabajo de manera tal que se logre su adecuación y perfeccionamiento permanente y, en segundo lugar,  se socializan nuevos valores, nuevas visiones del trabajo y se descubren nuevos equilibrios entre las necesidades del individuo y de la organización; y, por último, una organización que “aprende” debe insertarse con mucha eficacia en el contexto en el cual opera de tal manera que ese contexto llegue a formar parte integrante de los procesos de aprendizaje que se dan al interior de la organización.

Sin duda, este enfoque implica una manera diferente de ver la gestión de los recursos humanos, y la capacitación en particular.   Implica plantearse la gestión de personal como la generación de procesos de enseñanza-aprendizaje que conduzcan al desarrollo integral de los miembros de la empresa, con vistas a mejorar los niveles de rendimiento individual y de equipo y a lograr un clima laboral más adecuado.  Ello debería traducirse en un mejoramiento global de la eficiencia organizacional.

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