La conducta humana es dificil de conocer

Sonia Sescovich

Hasta hace poco tiempo predominó en la ciencia una concepción del conocimiento que partía de la base de que existe una realidad que es independiente de de quien la observa y conoce.  Las ciencias de la conducta humana no fueron una excepción y pretendieron conocer la conducta como algo “objetivo” y, por lo tanto, independiente de quien está explicando el fenómeno. Hoy esta concepción ha sido fuertemente cuestionada, y con enorme fundamento para hacerlo. Existe un significativo grado de consenso en torno a la noción de que la realidad  y  el observador forman un todo.

Esto tiene una especial influencia en el campo del conocimiento de la conducta humana. Simplemente significa que el ser humano no puede explicar su propio comportamiento como algo “objetivo”, que existe fuera de sí mismo, simplemente porque está profundamente involucrado en el propio fenómeno que pretende explicar.

Ha sido, precisamente, esta noción de “conocer objetivamente” la que ha dificultado la comprensión de los fenómenos humanos. Cuando los teóricos del comportamiento sostienen tesis como las siguientes: los organismos vivos actúan sólo en función de la información que proviene del medio; el ser humano es agresivo por instinto; el comportamiento humano es producto de las relaciones de producción; etc, les ha resultado difícil validar tales afirmaciones como “verdaderas”.

Dichas dificultades provienen de lo que se podría denominar naturaleza circular del conocimiento de lo humano. En otras palabras, estamos haciendo alusión al hecho de que el universo de conocimientos, de experiencias, de percepciones del ser humano no puede ser explicado desde una perspectiva independiente de ese mismo universo; o sea, el conocimiento del comportamiento de las personas sólo podemos conocerlo desde el propio universo de las personas. Y esto no es una paradoja ni un juego de palabras. Este es el problema más complejo que enfrenta el conocimiento de los humano: “es la expresión de nuestra existencia en un dominio del conocimiento en el cual el contenido de dicho conocimiento es el conocimiento mismo” como sostiene H. Maturana.

No es nada fácil. La conciencia humana debe aprehender su propia naturaleza. Obviamente, no puede hacerlo desde fuera de sí misma. Objeto y sujeto de conocimiento son uno solo. En otras palabras, para conocer la naturaleza de su comportamiento, el ser humano debe transformarse en observador de sí mismo; más aún, debe apoyarse en la participación que él mismo tiene como observador en la generación del fenómeno que desea conocer: su comportamiento.

Como ya dijimos, el dilema de la “objetividad” no sólo afecta al conocimiento de lo humano. Desde que el ser humano inventó la filosofía, uno de los temas que ha atravesado sus reflexiones sobre el conocimiento es la naturaleza supuestamente “objetiva” de la realidad y las posibilidades que tenemos de conocerla, de  aprehenderla. Y se han dado tantas respuestas como escuelas filosóficas existen.

“Todo depende del cristal con que se mire” dirán algunos. A lo que muchos responderán: “las cosas están ahí y se ven como son, o no se ven”. Ciertamente, es difícil pensar que frente a una mesa alguien la defina como objeto para cortar carne o frente a un estanque de agua, otro lo defina como una cancha para jugar fútbol. Eso parece ser fácil. Pero imaginemos a alguien parado frente a un objeto inmóvil; dirá, si se lo preguntan: “ese objeto está inmóvil”. Pero otro bien le podría contestar que dados los movimientos de rotación y traslación de la tierra, nada en este planeta permanece nunca inmóvil.

¿Cual respuesta es cierta? Algunos dirán que eso dependerá del contexto en que se ubique la respuesta y otros dirán que no hay nada cierto o verdadero en si, sino que cada cosa es cierta o falsa desde la perspectiva de quien la observa.

Si esto sucede frente a fenómenos, hecho o cosas que parecen estar allí,  fuera de nosotros mismos, imaginemos lo que puede pasar frente a otros fenómenos en los que estamos directamente involucrados. Pensemos, por ejemplo, en una persona frente a otra que está furiosa. Se podrá plantear muchas interrogantes: ¿está realmente furiosa o está haciendo una escena para asustarme?; si está  furiosa, ¿porqué lo está, contra qué o quién lo está; reaccionaría yo de la misma manera?

Y resulta que esto no es intranscendente; en absoluto. Porque hay algo que complica más la situación: dependiendo de la respuesta que yo me dé a mí mismo, así será la forma en que yo reaccione; y la forma en que yo reaccione podrá cambiar la dirección que tome la conducta que originó mi reacción.

En resumen, el comportamiento humano forma parte de ese grupo de fenómenos cuya naturaleza hace más difícil su conocimiento, por la razón que antes exponíamos: porque objeto y sujeto de conocimiento se confunden.

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